miércoles, 17 de diciembre de 2014
Y LA TIBIEZA
Ella tenía un temperamento invernal, pero no por lo fría sino por las persianas bajas y la penumbra liviana que deja el sol cuando anda lejos. A veces se desperezaba tranquilamente y miraba a través las pestañas: no, todavía estamos igual, qué pena ¡qué ganas de volver a cerrar los ojos!
Era como esos gusanitos que juntábamos cuando éramos chicos, trabajosamente construía su envoltura de hilos abrigados y esperaba. No sabía muy bien qué esperaba, sólo suponía que cuando llegara el momento se iba a dar cuenta. Una oscura tibieza le rondaba el alma y era como que daba un poco de miedo, pero no de ella, sino por ella. Mientras tanto, los que la veían pasar notaban siempre las delgadas hebras de seda que parecían suspendidas a su alrededor. A veces ella pensaba que no era de este mundo, qué miedo, qué congoja, cuántas manos hacen falta para sostener la fragilidad.
Podía sonreír con desgano y amar con tranquilidad dejándose llevar despaciosamente por el tiempo, que corría sin pedirle permiso. Un soplo de brisa le murmuraba al oído y ella pensaba que era una canción de cuna; un descanso de útero la llamaba, pero casi siempre ella hacía como que no le oía.
Al fin, que la primavera siempre llega y nos roza la piel y nos sacude brevemente y nos convence y nos vence. A ella también.
lunes, 9 de diciembre de 2013
Sombra
Cuando era chica mi sombra siempre me acompañaba, allá donde yo iba,
siempre estaba ella. Había un sendero desde mi casa hasta el almacén, bueno, no
todo era sendero, una parte era calle de tierra y luego comenzaba un sendero
angosto rodeado de gramilla y yuyos altos, eso hasta llegar a la calle de la
despensa. Durante todo ese trayecto me acompañaba mi sombra, me sentía tan
bien, que creía que éramos solo ella y yo. Hablábamos mucho, yo le contaba sobre
mis cosas y ella siempre me escuchaba con atención, creo que éramos muy amigas,
de esas inseparables. Sonrío al recordar que una vecina de esas que nunca
faltan una vez nos sorprendió riéndonos y charlando, me asusté mucho porque no
había oído llegar a la señora detrás de mí, tan concentrada estaba que no noté
sus pisadas. Ella pasó apresuradamente a mi lado y apenas me saludó, ni
siquiera se dio cuenta que yo no estaba sola, que mi sombra me acompañaba.
Me gustaba jugar a separarme de mi sombra, me quedaba quieta, quieta,
quietita y luego saltaba de repente. Por un instante nuestras vidas dejaban de
ser una y eran dos, cada una por su cuenta. Y eso era una alegría, porque sabía
que la volvería a ver pegadita a mí, oscura y profunda a la luz del sol de
noche, alegre y brillante en los juegos de la siesta.
Con los chicos jugábamos a pisarnos la sombra y cuando alguien la
alcanzaba sentía como un dolor quieto, propio y a la vez ajeno, en el que la
risa y el dolor se confundían, ella era como yo, medio flaca, medio desgarbada,
no me gustaba que la rozaran ni siquiera en broma.
Hacia el atardecer mi sombra se estiraba y entonces yo soñaba con
alcanzarla, tener piernas largas, brazos elegantes, un aire misterioso y una mirada
profunda.
Cuando fuimos un poco más grandes, caminábamos siempre juntas por las
veredas del pueblo, ella me ayudaba a corregir una incipiente joroba de
adolescente estrenando pechos y yo me hacía la que no la veía, porque no era
tiempo de andar haciendo cosas de niñas.
Creo que fue como a los quince o a los dieciocho que le perdí el
rastro y no fue sino hasta ahora que comencé a preguntarme qué habrá sido de mi
sombra. Tal vez estuvo ella ahí en los tiempos del amor, del dolor, del
desamor, de los hijos, del trabajo pero la verdad es que nunca más la vi. Tal vez
sepa que estoy aquí todavía. Tal vez.
martes, 11 de junio de 2013
SI ES POR DISCIPLINAR ...
Gastón está cursando segundo grado,
va con un año de retraso porque repitió primero y si una le pregunta qué fue lo
que pasó, él responde que tenía sueño y que se dormía en las clases y que
–además- no se preocupaba por hacer las tareas que le daban en la escuela. Es
bastante menudo de talla así que no se aprecia a simple vista que sea un repitente,
es uno más del grupo de segundo. Según cuenta, no sabe por qué razón pero
siempre, tarde o temprano, termina involucrado en los problemas que se generan
en el aula o en el patio, con sus compañeros.
En general, suele ser de buen trato
y se lleva bien con el resto de los chicos, pero dice que hay dos: el Chelo y
el Juan que constantemente lo están molestando, es como que lo han tomado “de
punto” y así se lo ha dicho a la señorita. En realidad parece que ha intentado
decírselo, pero –según nos cuenta- la maestra se hace la que no me escucha, yo le digo: seño, estos pibes me están
molestando, pero ella mira para otro lado.
Si le preguntamos a la maestra del
grado, ella nos confirma que realmente no sabe qué hacer con Gastón, que es un
chico que tiene dificultades y que –a veces- se muestra agresivo, que no hace
las tareas y que no observa las pautas de convivencia. Dice que ha llamado a la
madre, pero que es difícil que ella se presente en la escuela para hablar de su
hijo, del padre es mejor no hablar, Gastón dice que no tiene padre o que –si lo
tiene- no lo conoce.
Hace unos días Gastón protagonizó un
incidente grave: Juan lo acusa de haber intentado ahorcarlo con las manos, por
lo menos eso fue lo que dijo cuando la directora le preguntó qué había pasado.
Gastón dice que –cansado ya de las continuas bromas y molestias ocasionadas por
Juan y por el Chelo- la emprendió contra ellos intentando defenderse y que Juan
–que es asmático- se agitó demasiado al correr. Dice que él no lo ahorcó, dice
también que la directora no le preguntó a él sobre lo sucedido. Cuando
sucedieron los hechos, la maestra pidió la intervención de la directora quien,
apelando a un acuerdo institucional establecido previamente, sancionó a Gastón
con un día de suspensión debiendo regresar a la escuela con una nota escrita
por él en la que pidiera disculpas a su compañero por lo sucedido.
Tanto la directora como la maestra opinan
que es necesario poner límites a los llamados “malos comportamientos” de los
chicos, ya que esa suele ser una enseñanza que no reciben en sus hogares y que
afecta negativamente la convivencia dentro de la escuela.
Gastón cumplió su día de condena y volvió a la escuela con una
nota de disculpa escrita por él de puño y letra ... y copiada con puntos y
comas de una que le escribiera su hermana mayor para cumplir con esta
obligación escolar.
miércoles, 29 de mayo de 2013
TIERRA
Entraron en el despacho de la
oficina de tierras de la municipalidad. Eran tres, el señor y la señora de
mediana edad y el niño de más o menos cuatro años. Todos estaban muy
abrigados porque hacía frío, ella usaba pollera larga, medias y un saco de color
marrón, él llevaba gorra y una campera azul.
En la oficina hacía un poco de
calor por la calefacción, él sacó un número y se dispusieron a esperar que los
atendieran. Dos empleadas sentadas atrás del mostrador iban llamando por
número, cuando les tocó el turno él se acercó y se sentó en una silla frente a
la empleada, ella y el niño se ubicaron parados uno a cada lado de él.
- Vengo por las medidas del lote, acá dice (le
muestra un papel)… y yo lo medí, son doce por treinta… y acá dice…
- Acá dice 432, son 432 metros el total de la
superficie, de lado a lado – mueve la mano derecha y le indica con el dedo
índice como señalando los lados de una figura geométrica
- Pero yo lo medí… son 12 por 30. Algunos lotes
miden 14, otros…
- Sí, claro, depende del lote que tomaron, algunos
tomaron con una medida, otros con otra
- Sí, pero yo lo medí son 12 por 30 y acá me están
cobrando…
- ¿Y con qué lo midió? – pregunta la empleada
- Con la cinta
- Bueno, mis compañeros no trabajan con la cinta,
las medidas son así, ellos usan instrumentos de topografía, esas son las
medidas, 432 metros cuadrados en total
Se hace una
pausa en la conversación, parece que el hombre se ha convencido, pero
nuevamente muestra el papel que tiene en la mano y dice:
- Acá dice que la titular es ella- señala a la
mujer que continúa de pie a su lado- y yo figuro como suplente…
- Bueno, aparecen los dos como titulares – dice la
empleada y mira a la mujer que continúa en silencio
- Lo que pasa es que no estamos casados –dice el
hombre- somos concubinos nomás, y el que va a pagar el lote soy yo…
- Pero usted la declaró como pareja, no importa
que no estén casados ¿tienen hijos en común? – dice mirando al niño y haciendo
gestos de aseveración
- Sí – contesta él- pero yo sé lo que tengo –mira a
la mujer- y después puede haber problemas y ella me dice andate y se queda con
todo. Así son las cosas… y el que va a pagar soy yo
La mujer
mostraba tímidamente una sonrisa desdentada sin decir ni una palabra.
La empleada
llama entonces a otra persona que parecía ser alguien que en la oficina tenía
otra autoridad
- Miriam, vení por favor. Mirá, este señor dice
que quiere que su nombre aparezca primero –le señala el papel que continúa en
manos de él
- Ah, no, yo no le voy a cambiar el orden, es lo
mismo, son cotitulares. ¿Son casados ustedes?
Y ahí él
insiste: que no, que no somos casados, concubinos nomás, que yo soy el que
paga, que yo sé lo que tengo, que el lote tiene que estar a mi nombre…
Todos en la
oficina, otras empleadas y también algunos vecinos y vecinas escuchan el
intercambio. La señora se anima a decir:
- Yo le dije- y sonríe
- Ustedes son cotitulares, el lote va a quedar a
nombre de los dos. Si usted quiere – dice Miriam dirigiéndose al señor- cuando
pague las cuotas puede pedir que le den un recibo a su nombre
- Ah, yo puedo… -dice él
- Pero el lote está a nombre de los dos –afirma
Miriam
La señora
insiste:
- Yo le dije- y sonríe
La empleada los mira y no dice
nada. Él guarda los papeles en una carpeta, se levanta de la silla y los tres
se van de la oficina. Empleadas y vecinos intercambian miradas. Miriam dice:
- Sin palabras…
lunes, 27 de mayo de 2013
LÓGICA INFANTIL DE OTRO SIGLO
Había notado que las chicas enamoradas solían aparecer con las huellas de los besos en su cuello y que a algunas se las veía, después, embarazadas. En la clase de ciencias estaban estudiando el sistema circulatorio. La conclusión fue fácil, un niño comienza a crecer en el vientre de la madre cuando el novio enamorado le da un beso en la arteria que va hacia el corazón.
martes, 12 de marzo de 2013
EL CIELO ES UN CASCARÓN
Iban caminando por la vereda cuando el niño señaló la estela blanca en el cielo y preguntó a su mamá:
- ¿Qué es eso mami?
- Es la huella que ha dejado un avión en el cielo
Con ojos de incredulidad, el niño exclamó:
- ¡Ah…! ¡Mirá que va a volar tan alto!
martes, 5 de marzo de 2013
DISPUTAS
Caminaban rápidamente
por el sendero, él un paso delante de ella, los dos con igual aspereza en el
semblante. Ella tenía muchas ansiedades guardadas, demasiados tiempos de enojo,
casi todas las palabras terribles y estaba a punto de liberarse del maldito
lastre. Él soportaba estoicamente la rudeza del terreno, los sinsabores pasados
lo alentaban, poniendo alas en sus pisadas.
Todo se había
desencadenado a raíz de una simple y cotidiana discusión doméstica, siempre era
de la misma manera, él reclamaba insistentemente por la presencia y el
compromiso prácticamente inexistente de su compañera, ésta, a su vez, no
comprendía estas demandas, en realidad pensaba que eran infundadas, que su
dedicación era algo que no podía ponerse en duda ni en lo más mínimo, de hecho
bien podría haber hecho otra elección hace tiempo; pero allí estaba. Habían
pasado lluvias, tiempos tormentosos y calurosos veranos, ni si quiera el frío
del invierno había podido con su firme decisión de continuar junto a él,
realizar el sueño que en un tiempo fuera de ambos, reunir las tristezas y las
alegrías, mirar el atardecer, ver morir el rojo en el horizonte. Pero allí
estaba él, diciendo que no estás nunca, que de todo he de hacerme cargo yo, que
la vida es un eterno trabajo... Y así lo sentía, ¿cuál es el sentido de la
vida? ¿es esto la vida? Imaginaba que si, por ventura, sus decisiones hubieran
sido diferentes, otra muy distinta sería la realidad. Hurgaba en sus recuerdos
y a veces, cada vez menos, lograba encontrar la razón, el por qué, la emoción.
Pero esos eran frágiles instantes, la mayor parte del tiempo la desazón le
ganaba el alma, le carcomía el cuerpo y entonces pensaba que ya nada era
posible. Y este era uno de esos momentos, así que mientras caminaba delante de
ella, intuía su figura conocida y se convencía de que ya todo estaba dicho y
hecho, que ahora pondría en su boca las palabras correctas y en su mente las
ideas claras para decir lo que hacía tiempo venía guardando. Casi podría
decirse que en eso estaban de acuerdo, porque ella también había sido abatida
por la sensación o la certidumbre de encontrarse transitando un camino sin
salida, para el cual la única solución era el regreso o el salto como vía de
escape.
Hallábanse ambos en
esta situación de intercambio de gestos, palabras, angustias y dolores, cuando
de repente un estremecimiento sacudió el piso firme en el que se encontraban.
Mucho polvo y más verde sacudiéndose por doquier les hicieron imposible
sujetarse a tierra firme y entonces las pequeñas hormigas realizaron por fin sus
deseos: ante la imposibilidad de imaginar si quiera dónde se encontraba el
sendero que venían transitando, tuvieron que buscar uno nuevo.
A todo esto, mi hijo
Francisco continuó dando brincos con su bicicleta sin sospechar el drama en el
que se había involucrado circunstancialmente.
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