Había notado que las chicas enamoradas solían aparecer con las huellas de los besos en su cuello y que a algunas se las veía, después, embarazadas. En la clase de ciencias estaban estudiando el sistema circulatorio. La conclusión fue fácil, un niño comienza a crecer en el vientre de la madre cuando el novio enamorado le da un beso en la arteria que va hacia el corazón.
lunes, 27 de mayo de 2013
martes, 12 de marzo de 2013
EL CIELO ES UN CASCARÓN
Iban caminando por la vereda cuando el niño señaló la estela blanca en el cielo y preguntó a su mamá:
- ¿Qué es eso mami?
- Es la huella que ha dejado un avión en el cielo
Con ojos de incredulidad, el niño exclamó:
- ¡Ah…! ¡Mirá que va a volar tan alto!
martes, 5 de marzo de 2013
DISPUTAS
Caminaban rápidamente
por el sendero, él un paso delante de ella, los dos con igual aspereza en el
semblante. Ella tenía muchas ansiedades guardadas, demasiados tiempos de enojo,
casi todas las palabras terribles y estaba a punto de liberarse del maldito
lastre. Él soportaba estoicamente la rudeza del terreno, los sinsabores pasados
lo alentaban, poniendo alas en sus pisadas.
Todo se había
desencadenado a raíz de una simple y cotidiana discusión doméstica, siempre era
de la misma manera, él reclamaba insistentemente por la presencia y el
compromiso prácticamente inexistente de su compañera, ésta, a su vez, no
comprendía estas demandas, en realidad pensaba que eran infundadas, que su
dedicación era algo que no podía ponerse en duda ni en lo más mínimo, de hecho
bien podría haber hecho otra elección hace tiempo; pero allí estaba. Habían
pasado lluvias, tiempos tormentosos y calurosos veranos, ni si quiera el frío
del invierno había podido con su firme decisión de continuar junto a él,
realizar el sueño que en un tiempo fuera de ambos, reunir las tristezas y las
alegrías, mirar el atardecer, ver morir el rojo en el horizonte. Pero allí
estaba él, diciendo que no estás nunca, que de todo he de hacerme cargo yo, que
la vida es un eterno trabajo... Y así lo sentía, ¿cuál es el sentido de la
vida? ¿es esto la vida? Imaginaba que si, por ventura, sus decisiones hubieran
sido diferentes, otra muy distinta sería la realidad. Hurgaba en sus recuerdos
y a veces, cada vez menos, lograba encontrar la razón, el por qué, la emoción.
Pero esos eran frágiles instantes, la mayor parte del tiempo la desazón le
ganaba el alma, le carcomía el cuerpo y entonces pensaba que ya nada era
posible. Y este era uno de esos momentos, así que mientras caminaba delante de
ella, intuía su figura conocida y se convencía de que ya todo estaba dicho y
hecho, que ahora pondría en su boca las palabras correctas y en su mente las
ideas claras para decir lo que hacía tiempo venía guardando. Casi podría
decirse que en eso estaban de acuerdo, porque ella también había sido abatida
por la sensación o la certidumbre de encontrarse transitando un camino sin
salida, para el cual la única solución era el regreso o el salto como vía de
escape.
Hallábanse ambos en
esta situación de intercambio de gestos, palabras, angustias y dolores, cuando
de repente un estremecimiento sacudió el piso firme en el que se encontraban.
Mucho polvo y más verde sacudiéndose por doquier les hicieron imposible
sujetarse a tierra firme y entonces las pequeñas hormigas realizaron por fin sus
deseos: ante la imposibilidad de imaginar si quiera dónde se encontraba el
sendero que venían transitando, tuvieron que buscar uno nuevo.
A todo esto, mi hijo
Francisco continuó dando brincos con su bicicleta sin sospechar el drama en el
que se había involucrado circunstancialmente.
domingo, 3 de marzo de 2013
PARA CURAR LOS NERVIOS
Mi nona curaba los nervios, eso lo supe desde siempre. La gente del
pueblo venía y le decía: ay, doña Cecilia! me duele el brazo derecho, creo que
hice una mala fuerza el otro día, me duele tanto que casi no lo puedo mover.
Entonces mi abuela buscaba una tacita de té y unos granos de maíz, ponía agua
en la tacita y se dirigía silenciosamente a su habitación. En la semipenumbra
del lugar yo solía mirarla colocar el recipiente con agua sobre la cómoda,
hacerse la señal de la cruz y murmurar toda una serie de oraciones. Sostenía
los granos de maíz en una mano y de vez en cuando dejaba caer alguno al
agua. Mientras tanto, el paciente
esperaba en el comedor de diario de la casa y conversaba con mi tía acerca de
cosas cotidianas: la familia, el trabajo. Una vez que los granitos de maíz se
habían terminado, la nona pronunciaba una última señal de la cruz y dejaba la
tacita con los maíces y el agua sobre la cómoda para dirigirse al comedor y dar
el diagnóstico. Dependiendo de la ubicación de los granos en el fondo del
recipiente, podía ser que los nervios estuvieran algo o muy anudados, de allí
el dolor que la persona denunciara. La cura seguía por unos días más en los que
mi abuela iba renovando el agua, el maíz y la ceremonia aunque sin la presencia
del doliente.
Era un tiempo en el que esta prácticas no estaban muy bien vistas por las
autoridades de salud, no así por la gente, que recurría a ellas tanto como al
hospital. Además, la nona no cobraba y sólo recetaba algunas fricciones con
aceite alcanforado y reposo en caso de ser necesario. Ella decía que su mamá le
había enseñado a curar y que eso era algo que se hacía como favor a las
personas, que no se cobraba, que sólo se hacía por el bien y sin pedir ningún
pago. Aun así, mi tía estaba siempre preocupada por el tema, ella decía que en
cualquier momento a la nona la iban a meter
a preso por practicar la medicina. Insistía en que nadie más se enterara de
lo que mi abuela hacía, pero eso era inevitable en el pueblo, siempre había
gente nueva pidiendo ser atendida: que mi vecina me dijo, que usted la curó a
mi mamá… No era que se formaran colas, nunca vi más de dos personas esperando y
eso era ya algo extraordinario. Por lo general se acercaban uno que otro
paciente durante la semana, no sé por qué el horario preferido era el del
atardecer o un poco más tarde, sería que el mal de los nervios se acentuaba en
ese momento o que la gente tenía tiempo para ocuparse de sus dolores después de
la jornada de trabajo. En general eran hombres o mujeres, no recuerdo haber
visto niños o niñas esperando en la consulta.
La mayoría de las veces eran conocidos de la familia, pero una que otra vez
aparecía alguien nuevo y ese era motivo suficiente para aumentar la
desconfianza de mi tía, algunas veces los despachaba desde la puerta nomás, a
la pregunta por la señora que cura los nervios les respondía rápidamente que en
esa casa no vivía nadie que lo hiciera. Mi nona no protestaba, aceptaba sin más
lo que su hija decidiera sobre el tema.
La nona había llegado de Italia a los ocho años, ella y su familia habían
dejado su tierra natal escapando de la Europa entre guerras y buscando un lugar
en el que fuera posible vivir mejor. No medía más de un metro sesenta y era
bastante delgada, sus manos huesudas y un poco retorcidas por los males de la
edad sabían del trabajo en el campo, de sembrar achicoria, alimentar a las
gallinas y cocinar para la familia. Llevaba su escaso cabello corto sostenido
con un par de peinetas de color negro. Usaba siempre vestidos que le cosía mi
tía, largos hasta abajo de la rodilla, abotonados adelante, con bolsillos y una
pequeña solapa. Calzaba zapatillas abrigadas en invierno y más livianas en
verano, sin cordones y con suela ligera porque sufría de unos juanetes
terribles que –en ocasiones- la obligaban a hacer algún pequeño agujero en el costado
para dar cierta libertad al pie.
Así recuerdo a mi nona, mujer de pocas palabras, sencilla y silenciosa
trajinando todo el día entre el patio y la casa, olor a alcanfor, a laurel en
el tuco, a ajo en la bagna cauda.
martes, 15 de enero de 2013
Y NOS ESCAPAMOS
Ese día decidimos irnos de la casa. Yo ya
estaba cansado de que el padrastro de Teresa se opusiera a nuestra relación. La
última vez que había ido a la casa, él me había empezado a molestar diciéndome
si yo trabajaba… que tenía poca cara de trabajador y qué sé yo. En ese momento
a mí se me ocurrió decirle, siempre con respeto, porque yo soy muy respetuoso,
que Teresa siempre había hablado muy bien de él, que yo no tenía nada que decir
de él, pero que no quería que anduviera metiéndose en mi vida o en la de Teresa.
Después me fui. Claro que él parece que después se arrepintió y me anduvo
llamando, varias veces me mandó a llamar, hasta que fui y ahí me pidió
disculpas, me dijo que no sé, que lo disculpara, que se había equivocado y qué
sé yo.
Pero con Teresa ya hacía siete meses que
andábamos de novios, yo la conocí un día esperando el bondi para ir a la
escuela, estaba con mi tía y ella me la presentó. No sé por qué pero desde el
primer momento que la vi, ella me pareció una chica muy buena, y la quise y la
quiero un montón, más ahora que tengo un hijo con ella. Entonces fue que
empezamos a hablar, ella me mandó una carta y yo le contesté, después nos vimos
y ahí fue que le dije que la quería, pero que no pensara que era por un momento
nada más, que si empezábamos algo no iba a ser por diversión nada más, que yo
sentía algo por ella y lo que quería era empezar una relación. Y bueno, ahí fue
que empezamos a ser novios, ella estuvo como tres días sin venir a la escuela
porque los padres no querían que nos viéramos, después tuvo que abandonar
porque su mamá quedó embarazada y la necesitaba en la casa.
Yo pienso que ellos no me querían porque
conocían a mi familia, a mi viejo y pensaban que yo era como él. Como dicen: de tal palo, tal astilla. Y eso es lo
que nunca le voy a perdonar a mi viejo, que yo vaya por mi barrio y todos
piensen que soy igual que él.
Después que pasaron varios días nos
encontramos de nuevo en la casilla donde se espera el cole, estábamos mi tía y
yo y llegó Teresa, me abrazó y me dijo que no pasaba nada, que su papá, bah… su
padrastro y su mamá querían hablar conmigo. Yo no quería saber nada, pero ella
me convenció, así que fui. Y allí les dije, que yo a Teresa la quería mucho.
Cuando me preguntaron qué pensaba hacer, les dije que primero estaba el
estudio, como para empezar una conversación, nada más y entonces el padrastro
me dijo que estaba bien si pensaba así.
Mi suegra, o sea la mamá de Teresa estaba
embarazada y después perdió ese bebé, ya van como tres bebés que pierde, por
eso ella no podía hacer nada en la casa. Así que yo iba y con mi señora –que
era mi novia entonces-, le hacíamos todas las cosas, yo le cortaba leña y le prendía
el calefón para que pudiera bañarse, barríamos, hacíamos todo porque mi suegro
no estaba, estaba trabajando en el campo.
Así fue pasando el tiempo, pasaron más
o menos tres meses y yo ya sabía lo que estaba pensando Teresa, pero ella un
día se me acerca y me dice que había
soñado con un bebé y como que me da a entender que quería tener un bebé. Yo ya
sabía y le dije que yo también quería tener un bebé, entonces hablamos de que
no estábamos casados, pero que estábamos de novios. Nosotros no teníamos
relaciones, tuvimos después que nos juntamos porque yo quería ir despacito.
Ella me decía que iba a ser su primera vez y yo le dije entonces: ¡más te vale!, también le dije que tenía
vergüenza y que no quería apurar las cosas. Mi suegra siempre me preguntaba ¿pasó algo, pasó algo?, siempre así,
tratando de sacarme algo, pero yo siempre le decía no… su hija está intacta. Yo quería ir despacio, porque a Teresa la
quiero mucho, ella para mí es un ángel. Yo con las mujeres soy respetuoso, el
respeto es lo principal, la amabilidad. A mí no me gusta que pase una chica y
gritarle cosas, o por ahí si hay una señora, cuando nos paramos en la esquina y
hay una señora al lado, los pibes empiezan con groserías. A mí no me gusta eso,
yo de esos pibes, lejito nomás, no me gusta eso, me gusta respetar y nada más.
Y los pibes me dicen: ¿por qué no le
gritás? ¡desacatate!, ¡sacá tu
demonio! No, les digo, yo no soy así como ustedes.
Cuando volvió el padrastro de Teresa del
campo, ya no seguí yendo todos los días a su casa, no sé por qué los padres se
ponen así, será porque piensan que les quitan a la hija mujer, qué sé yo.
Empecé a ir dos veces por semana. Fue en ese tiempo que Luisa habló conmigo,
ella era una amiga que había conocido en la iglesia cuando yo iba para ayudar a
mi viejo. No sé por qué, pero no le había querido contar nada de Teresa,
entonces ella no sabía nada que estábamos saliendo. Parece que habían quedado
todos los amigos de acuerdo y cuando llegamos a la casa de Luisa nos dejaron
solos y ella empezó a decirme algo como que siempre me había querido y qué sé
yo, que quería empezar una relación conmigo, no sé. Y yo le dije que no,
entonces ella me preguntó por qué, que si acaso yo no estaba solo y ahí fue que
le dije que no, que estaba de novio con Teresa. Ella se quedó muy mal, incluso
ahora que se juntó y está embarazada me sigue diciendo cosas. En ese momento
pensé ¿por qué no habré esperado? ¿qué hago ahora?, pero yo a mi señora la quiero
un montón y no me arrepiento de haberme juntado con ella.
Habrán pasado siete meses desde que
empezamos a salir cuando nos escapamos, nos fuimos al río los dos y ahí
estuvimos juntos una semana más o menos, hasta que le dije que ya era demasiado
quilombo, que volviéramos y habláramos con todos. Fueron los padres de ella a
la casa de mi viejo y ahí les dije que bueno, que nosotros nos íbamos a juntar
y que ya era la vida de nosotros y que nadie nos iba a interrumpir, que nos iba
a decir cómo yo era, ni nada de eso. Así que ahí salió todo bien, estuvimos
tres meses y bueno ya ahí, después de los tres meses que estuvimos juntos
empezamos a buscar un bebé.
Yo siempre quise tener un hijo, pero no un
hijo así para tenerlo y dejarlo abandonado sino un hijo para cuidarlo y
acompañarlo toda su vida. Cuando él nació yo estaba en la iglesia, festejando
el cumpleaños de quince de mi hermana. Llegó mi suegra, así, corriendo, muy
emocionada y me dijo que había nacido mi hijo. Todos empezaron a felicitarme,
yo estaba muy contento y quería salir corriendo para conocerlo pero no pude ir
hasta el día siguiente porque estaba en el hospital de Neuquén y no tenía
movilidad para ir. Cuando lo vi, no lo podía creer, todos en el hospital me
felicitaban, lo sacaron de la incubadora y lo tuve un rato en los brazos, ese
fue uno de los días más felices de mi vida. Cuando mi señora quedó embarazada, yo
la acompañaba a los controles. A veces ella no se acordaba y yo le decía: acordate que tenés que ir al control de la
nena, porque yo quería tener una nena, pero salió varón. Me acuerdo que
cuando le dije a Luisa que quería que fuera nena, ella me dijo va a ser igual a mí. No, le dije yo, va
a ser igual a mi señora. Luisa me dijo una vez que ella no iba a parar hasta
tener algo conmigo, pero yo le dije que no, que yo ahora tenía señora y que la
quería mucho, que la quiero mucho y más
ahora que tengo un hijo. También le dije que ella me gustaba, un poco para
que se tranquilizara, y que yo por ahora no, pero por ahí, quién sabe, en la
vida se volvían a juntar nuestros caminos. Un poco para hacerme la contra a mí,
creo yo, ella se juntó al poco tiempo que nosotros estábamos juntos con Teresa,
cuando le dije que estábamos buscando un bebé, ella me dijo que ellos también.
Ahora está embarazada, el pibe con el que vive yo lo conozco, es re tranquilo,
muy buen pibe.
Yo no quiero ser un padre como mi viejo,
él me ha contado que si actúa así es porque él se crió solo, que sus hermanos
lo echaron de la casa y que tuvo que vivir en la calle desde muy chico. Dice
que sus hermanos lo habían echado de la casa y que el papá salió a buscarlo,
cuando lo encontró él estaba jugando a la pelota en la calle y fue entonces que
un auto lo atropelló al que sería mi abuelo. Él murió y mi viejo desde ese día
vivió en la calle, todo esto pasó en Chile, no sé mucho de mi viejo, sí sé que
estuvo en la cárcel como tres años, por afanar, creo. Será por todo eso que le
pasó, que mi viejo nunca estuvo con nosotros, él siempre con su vino y nada
más. Una vez él había llegado borracho a la casa y empezó a pegarle con el
cinto a mi vieja, a veces también nos pegaba a nosotros cuando salíamos a
defenderla. Ése día mi hermano mayor, el Seba, que ya tendría sus quince años,
agarró un rifle que teníamos y lo amenazó, le dijo que si él llegaba a tocar a
la vieja… No sé cómo hizo, pero lo encerró a mi viejo en la pieza y yo fui a
llamar a la policía, cuando llegué al destacamento un policía me alzó en brazos
y yo le conté lo que estaba pasando, también le dije que le iba a indicar dónde
era mi casa. Fuimos y la policía se llevó a mi viejo, él se reía nomás, estaba
tirado en el suelo y se reía. Cuando se lo iban llevando, lo único que pedía
era que llevaran su vino, entonces mi hermano le dijo que qué clase de padre
era, que se acordaba primero del vino antes que de sus hijos, que él se iba a
olvidar de eso, pero sus hijos no.
Mis hermanos más chicos siempre sintieron
eso de que mi viejo no se ocupara de ellos. Mi hermanita veía la tele y quería
hacer todo lo que veía, debe haber sido por eso de que mi viejo nunca estaba en
la casa, o si estaba, estaba en pedo. Un día ella se tiró del techo del galpón
de la chacra, serían como tres metros de altura. Ella había visto súperman y
entonces se puso una bolsa en el cuello y saltó para volar como súperman. Se
rompió contra el suelo, con mi hermano la levantamos y la llevamos a la cama.
Cuando ella se despertó se reía nomás. Mi vieja nos echó la culpa a nosotros de
lo que le había pasado a mi hermana, por esas cosas que nunca le creen a uno.
Mi hermano, el mediano, ése vivía
golpeado, siempre se caía y se golpeaba. Él usaba a los perros de la chacra
como si fueran caballos, los montaba y se caía y entonces se golpeaba. Le
gustaba ir a visitar a mi papá que estaba trabajando en la chacra, siempre se
subía a la escalera hasta que un día se cayó y mi viejo lo único que hizo fue
tirarlo en el sillón y decir: llevenló al
médico. Esa vez vinieron los de acción social, abogados o no sé qué son,
nos preguntaron de todo, que por qué se golpeaba tanto mi hermano, que qué era
lo que pasaba… No sé por qué se golpeaba tanto, debe haber sido por mi viejo,
porque él no estaba nunca. Un día casi se ahoga, se cayó a un sifón que
usábamos en la chacra para tener agua, porque no teníamos agua corriente. No sé
cuánto habrá estado ahí hasta que pasó un tractorista y lo sacó, casi se muere
esa vez. Pero mi viejo es así, es como que nunca prestó atención a nada.
Por eso yo vivo con mi vieja ahora, ya le
dije que a mí no me importa que ella no haya estado mucho tiempo conmigo por
eso de la operación de mi hermana, pero que ella es mi vieja y mientras yo
esté, que no me entere que el viejo le pone una mano encima. Por suerte, ahora
todo ha cambiado, ya mi viejo no toma como antes, él siempre tiene su cajita de
vino para el fin de semana, pero no como antes que tenía la heladera llena de
vino, ya es todo distinto. Incluso ahora él me habla, me da consejos sobre cómo
criar a mi hijo… pero él siempre ha sido así, como que no le da mucha
importancia a las cosas.
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EL MORIR
¿Cuándo fue que sucedió?, creo que Marco tenía como trece o catorce años. Fueron un día con Elías a visitarlo al hospital, en ese momento lo que más le preocupaba era hacer la estadía del amigo un poco más amena así que cuando él les dijo que tenía sed, enseguida pensó en la cerveza. ¡No, si no te dejan entrar con bebidas alcohólicas!, le señalaron enseguida. Pero bueno, ¿qué son las indicaciones médicas para un amigo que visita a otro amigo?, la latita de cerveza igual entró a la sala de internación, acovachada entre la ropa, disimulada ante la mirada de los extraños y los curiosos.
Marco no sabe muy bien de qué habían operado a su amigo, sí recuerda que ya venía de pasar varios trances semejantes a este, ya tenía como siete operaciones y esta parecía ser una más entre otras. Le contaron después algo sobre una operación abierta para que cicatrizara y una palabra complicada: negligencia, porque él estaba bien, pero algo pasó, un sendero que se interrumpe de repente, una huella que se pierde.
Fue también en aquella época que pasó lo de Hugo. Un accidente, se desnucó (o destungó, como queramos decir) al caer desde una piedra a la orilla del río. El Hugo, recuerda, era un amigo de la infancia, de la primera casa que conoció, allá cerca del estadio. A decir verdad era más amigo de Lucas, el hermano mayor, que de él, pero en la cuadra, en la calle, es difícil distinguir y decir vos estás con éste, yo estoy con aquel. La pelota, la caza de lagartijas en la barda eran el sabor de la infancia y cuando Marco se acuerda, dibuja una sonrisa en su cara y se deja llevar corriendo atrás de la pelota o arriba de la bici. Fueron los primos los que lo mataron, lo empujaron y cayó mal, no se murió ahogado, fue el golpe que se dio en la cabeza contra una de las piedras, ahí mismo, donde todos se estaban bañando. Capaz que fue la culpa o tal vez el miedo, pero ninguno dijo nada, cuando lo echaron de menos ya era tarde, aunque quizás ya era tarde en el momento mismo de caer. Eso fue después de una navidad, fue en esa navidad que tuvimos la desgracia de perderlo, recuerda Marco, tenía veintiún años y a mí me conocía desde chiquito, porque éramos vecinos.
Marco es el más chico de los hermanos y sabe, porque le han contado, que su existencia es algo así como producto de la casualidad o de la buena suerte. Su mamá no debía haber tenido más hijos, pero ahí estaba él, arrebatando el aliento, luchando en contra de una marea que le llenaba los pulmones, sujetándose para no perderse. Luisa, la mamá, dicen que estuvo a punto de dejarse llevar en la instancia del parto. A ella le había agarrado una hemorragia, cuenta Marco que le ha contado su papá, pero, bueno, se salvó ella, me salvé yo.
Salvarse o perderse, escaparse, sobrevivir al peso de la memoria, al dolor de la muerte, salir indemne, colgado de la risa, ese parece ser el trabajo de Marco.
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domingo, 13 de enero de 2013
LA HISTORIA DE ÉL CONTADA POR MÍ (con algunas imprecisiones producto de la emoción o del desconocimiento)
Cuando nació ya había una nena revoloteando por la casa,
tuvo la suerte o la desgracia de ser el segundón y ya sabemos que eso suele ser
una bendición para los varones que pueden apelar por siempre jamás a sus
derechos de benjamines indefensos.
Su papá trabajaba en el ferrocarril (eran otras épocas) y su
mamá era ama de casa (seguían siendo otras épocas), ella era católica y él ateo
reconocido, fue así que en esa casa no se conocieron ni la misa, ni la primera
comunión o los pecados capitales con sus culpas concomitantes. Por ser hijo de ferroviario tuvo algunos
privilegios: viajar gratis en primera clase o en camarote, hacer dedo en la vía
y que el tren pare para llevarlo y algunos otros que dejaremos atados a la
imaginación. Desde chico fue parecido a su papá, sobre todo físicamente, desde
grande quiso seguir siendo parecido a su papá, pero no particularmente en la
apariencia, sino mejor en aquello que él disfrutaba: los placeres de la cocina y el cultivo de las amistades entre
otras debilidades. De su mamá heredó el cuidado de los otros y la complicada
simplicidad de ir a las cosas.
Al crecer se le dio por la natación y así anduvo recorriendo
andariveles diversos con variado éxito. Su mejor cosecha de esa época sigue
siendo su espalda, formada a fuerza de crols, mariposas y pulmones. En buena hora,
porque así consigue espantar los malos duendes que le susurran al oído sus defectos.
En la cronología se sucedería ahora su paso por la escuela
técnica y luego por la universidad, todo esto cruzado por el amor y por la
tragedia de la muerte de su padre por siempre joven. El amor creo que llegó con
la universidad y continuó con el volver a casa y planear el futuro. Ella era lo
que él había estado buscando, mucha energía y una gran necesidad de poner
palabras a cosas que él ni siquiera sabía cómo nombrar. La familia se fue
armando así, como con piezas que fueron encajando, como sonidos que fueron
haciendo música. La metáfora viene bien porque en su vida el disfrute estético
siempre ocupó un lugar importante: había que ver, había que sentir (pero no
tanto), había que oír. Es por eso que durante un tiempo hizo teatro y también
algo de cine y hasta ahora –y no hay indicios de que algo vaya a cambiar- la
música le mueve las entrañas, sobre todo si se trata de jazz.
Tal como vamos en la historia no resultará extraño saber que
su hijo eligió el cine como ocupación y su hija la música, aunque por supuesto
a estas inclinaciones también está ligada la mamá: artista plástica,
restauradora de muebles antiguos, tejedora artesanal.
Mientras tanto, y por ese afán de ir a las cosas, su vida
también fue trabajar y construir y planear el futuro. Así fue que, sin que él
supiera muy bien por qué, con el paso del tiempo algo o quizás muchas cosas
fueron cambiando y la moneda cayó por el
lado de la soledad. Y fue tanto lo que la amó que aún le sorprende no
compartir su vida con ella.
Así era él cuando lo conocí.
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